Sunday, June 14, 2009

La Tormenta


El vigía había llegado hacía 9 años, en 1859. Pronto amanecería y volvería a su camastro. Tenía la paradojica fama de ser el mejor vigilante nocturno ¡cuantas incursiones de apaches avisto y evito!, pero durante el día su vista no daba para mas de 30 metros al frente. Ese domingo partiría a Parras a visitar a Elena, la viuda que había conocido un año antes en las fiestas del pueblo. La jornada era de 60 leguas, por lo que le llevaría un día y medio llegar allá. Tras dormir unas tres horas, ensillo el caballo y mientras avanzaba pensaba en la cadena de eventos que lo había llevado ahí.
Era un empleado de la oficina de registros y ese día su asignación era corregir un detalle nimio en las coordenadas 27 N 24 E. Para tal efecto consultó en el atlas correspondiente, reviso los archivos, hizo algunas anotaciones en su libreta de diario , 3 de septiembre 1859, y alistó su navaja. Subió a la plataforma, e inició la secuencia: 5..4..3..2..1..0.
Tras un leve mareo y un estado de confusión que no llevaban mas de 10 minutos, se vió en el desierto en medio de tres familias que acababa de ser masacrada por los apaches. Los registros indicaban que no había sobrevivientes, hecho que empezó a constatar uno por uno. Caminaba pausado y checando a conciencia, sabía que no aparecería nadie en las próximas 3 horas.
- indicó la pantalla. <> . Eleazar Robles era el nombre del niño. La misión tenía como objetivo verificar que el niño no sobreviviéra al ataque. Todavía lo vió y descubrió que tenía una herida grave en el costado y aún así respiraba débilmente. Sacó entonces su navaja y lo degolló. Los registros indicaban que sí el niño continuaba viviendo se convertiría en un general oficialista que aplastaría a cualquier ejército revolucionario.
-Listo- pensó para sí. Apretó el botón pero no pasó nada, intentó de nuevo, - Algo está mal- Reviso la pantalla, <> , siguió intentandó media hora hasta que apareció un nuevo mensaje <> antes de apagarse. Entró en un estado de pánico, - Jamás había pasado algo así-. Pasó una hora y tenía que tomar una decisión. Se desnudó y cambio su ropa por alguna de su talla de los cadavéres, quemó sus ropas originales junto con la libreta, y sólo guardo los lentes IR , y su navaja. Enterró el transportador. Cuando vio una columna de humo de gente que se aproximaba, volvió a usar su navaja y se autohirío en el abdomen. El dolor lo hizó perder el conocimiento.
Elena salió a recibirlo, lo hizó tiernamente y lo invitó a pasar. Mientras cenaba, ella lo ponía al tanto y al terminar, se sentó frente a él y viendoló a los ojos le dijo: - Tengo que decirte algo importante: ¡Estoy embarazada!-. - ¿De mí? preguntó él, -¡Claro que si , idiota-! no soy como las otras mujeres que conoces. Esto encendió la voz de alarma. - Me habías dicho que eras estéril- - Eso creía, pero era mas bien el inútil de mi difunto esposo. Una lágrima rodó el su rostro y el se acercó a consolarla. - Todo va a estar bien- le dijo para tranquilizarla. Hicierón el amor y se durmierón.
En la madrugada, mientras ella mas profundamente dormía, abrió los ojos. Se sentó en medio de la cama, suspiro profundamente y no pudo evitar que saliera una lágrima. Acto seguido, tomó la almohada y empezó a asfixiarla. Ahora lloraba desconsolado mientras terminaba de ahogarla. Ella no tuvo oportunidad, sólo levantó los brazos y gritos ahogados por unos segundos, hasta que se rindió. Envolvío en una cobija el cadáver y partío de regreso.
En medio del camino había una cañada, se apeó al precipicio y tiró el cadáver. Regresó al rancho donde trabajaba y justo cuando llegaba encontró al dueño de la hacienda junto con su comitiva evaluando los daños de una inundación del río que se había llevado el puesto de vigilancia.
- Te fuiste guero y te llevaste la buena suerte- espetó Don Leonardo.
- ¿ Porqué no lo hace mejor de piedra esta vez y que sea una torre, un torreón? - le dijó a bote pronto.
- -No es mala idea-, mientras se acariciaba la barba. Dio la instucción a su capataz para que asi fuera.
- Don Leonardo-le dijo. - Vengo a despedirme, encontre algo en Parras que me reclama.
- Si , ya sabemos de tu mujer- dijo él. Le gustaba alardear que todo lo que sucedía en la comarca el estaba enterado. Pasa a la oficina y que te entreguen tu raya.
No perdió tiempo, volvió a la cañada, despidió al caballo y procedio a prepararse, pensaba para si:
- Si supieran cuanta gente tiene que morir todos los días para mantener el orden de las cosas. Miles sacrificados al año para mantener el menos inestable de los mundos posibles.-
Acto seguido, destrozo los lentes, tomo su navaja y se cortó las venas. Dio tres pasos al frente y se arrojó al vacío. Al menos estaremos siempre juntos mientras caía recordaba a Elena. Un segundo antes de estrellarse contra el piso, desapareció.
Me encargarón arreglar el desastre de la tormenta solar de 1859. Abrió los ojos y vio a Varshia, su compañera de oficina de registros, con quien almorzaba ocasionalmente. Vio a la pared y habían transcurrido 11 utr ( unidades tiempo relativo) , equivalentes a dos horas del sistema antiguo.
FIN